Estaba un tipo en una cantina tomando muy felizmente cuando de pronto se le acerca un ebrio y le dice balbuceando:
- Le apuesto 100 dólares a que puedo golpearme la cabeza con una cerveza de vidrio sin que me pase nada.
El hombre intrigado aceptó la apuesta y se sorprendió al ver al ebrio cumplir la apuesta sin siquiera hacer algún gesto de dolor. Luego le dijo el ebrio otra vez:
- Le apuesto 200 euros a que puedo saltar por la ventana sin que me pase nada.
El señor aceptó y vio al hombre saltar por la ventana y regresar intacto a la barra de la cantina. El hombre pagó las apuestas y se disponía a seguir apostando con el ebrio cuando el cantinero los interrumpió y le dijo al señor:
- Ya no le hagas caso a Superman, ¡siempre que se pone borracho y se le acaba el dinero le da por apostar!
Niño Apostador:
Un ansioso padre le dice al rector de su hijo:
-Quisiera que me ayude a detener a mi hijo de apostar. No sé de donde lo ha sacado, pero no para de apostar, apostar y apostar.
-Déjamelo a mi- dijo el rector.
Una semana después llamo al padre del niño.
-Creo que lo he curado de las apuestas- dijo.
-¿Cómo lo ha logrado?- contestó el padre.
-Bueno, me ha tirado de la barba, que es algo muy natural de un niño enfadado, y le hice darme 5 dólares. Estoy seguro que le ayudará a dejar de apostar.
-No, no lo hará, dijo el padre. -¡Me aposto 10 dólares el lunes que le tiraría de su barba con su permiso para el final de la semana!-
Ingenuo en el Casino:
- ¿Cómo te fue con las maquinitas del casino, Pepe?
- Tuve una suerte enorme. Ponía una moneda y ganaba; ponía otra moneda y ganaba y así por horas… ¡Lo que no sé es qué hacer con tantas latas de Coca Cola!
Suerte en Las Vegas:
Luis se encontraba en una racha de mala suerte en Las Vegas. Había apostado todo su dinero y como último recurso tomó prestado una moneda de otro jugador para usar el baño masculino. Al llegar al baño, notó que la puerta estaba abierta, por lo que decidió utilizar la monda en una máquina de slot y ganó el jackpot. Llevó sus ganancias a la mesa de blackjack y convirtió sus pequeñas ganancias en diez millones de dólares.
Más adinerado de lo que nunca se hubiera imaginado, Luis fue a un circuito de charlas, en donde contó su increíble historia. Dijo a sus oyentes que estaba eternamente agradecido con su benefactor, y que si alguna vez encontraba a ese hombre, que compartiría su fortuna con él. Luego de meses de charlas, un hombre en el público saltó de su asiento y dijo: “¡Yo soy aquél hombre! ¡Yo soy quien te dio esa moneda!” “Tú no eres el hombre que estoy buscando”, dijo Luis. “Estoy buscando al hombre que ha dejado la puerta del baño abierta.”
Una mujer gana la lotería:
Una mujer entra apresurada a su casa y le grita a su esposo:
“Javier, haz las maletas, ¡acabo de ganar la lotería!”
Javier le responde “¿Incluyo ropa para un clima templado o frío?”
La mujer responde: “No me importa. Mientras no estés más en la casa a la hora del mediodía, haz lo que quieras.”























